16-12-2011
En los últimos años, conforme ha aumentado la sensibilidad ante el calentamiento global, numerosas empresas y agencias han intentado paliar el impacto medioambiental calculando y compensando sus emisiones de CO2. De los eventos, el transporte en avión ha sido una de las fuentes de mayor impacto ecológico que se han de tener en cuenta a la hora de minimizar y compensar la huella ecológica del evento... hasta ahora.
Finnair anunciaba hace unos días que operaría Ámsterdam y Helsinki con biocombustible al 50%, en lo que es el vuelo comercial más largo realizado con una fuente de energía renovable. Esta iniciativa estará, probablemente, dentro del objetivo que se ha auto impuesto SkyNRG, la firma proveedora de combustible sostenible respaldada por Air France-KLM Group: abastecer a 10 líneas aéreas, una por lo menos de cada continente, antes de que termine el año, en principio a las líneas internacionales y algunas pocas regionales.
Por su parte Boeing y Airbus, responsables de cerca del 80% de los aviones de pasajeros del mundo, están creando redes de aprovisionamiento de biocombustible a los aeropuertos implicando todas las cadenas de distribución.
La unanimidad y rapidez con que las grandes compañías aéreas han decidido subirse al carro de la sostenibilidad responde a varios factores: por supuesto, a una mayor conciencia corporativa, pero también a la presión cada vez mayor que ejercen los reguladores internacionales, como IATA (Asociación Internacional de Transporte Aereo) que marcó el 2050 como techo para una reducción drástica de las emisiones; y last but not least, al hecho de que el coste del queroseno supone el 30% de los costes totales de las compañías y es, además, un combustible fósil derivado del petróleo no renovable que se aproxima rápidamente a su ‘pico´ de producción (en el 2050, según los analistas más pesimitas).
Sin embargo no va a ser fácil; hoy por hoy el biocombustible es tres veces más caro que el queroseno (aunque se espera que su precio de reduzca muy rápidamente), y está el gran problema de que el biocombustible a partir de biomasa pueda comprometer la producción de alimentos, incrementar la deforestación y desequilibrar la balanza de precios de los alimentos, como muchas voces ya han denunciado.
No obstante la industria no se rinde: si en el 2009 se realizaba el primer vuelo de un avión de la Continental Airlines con una mezcla de biodiesel derivado de algas y combustible, actualmente las algas están en el centro de todas las miradas: no son fuente de alimento, pueden crecer en terrenos no aptos para la agricultura, en agua dulce o salada, pueden utilizar dióxido de carbono como nutriente para crecer (importante para la nueva tecnología de captura del carbono) y el aceite vegetal que se obtiene, aunque similar a otros, tiene un rendimiento 100 veces mayor que el de la soja, según investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (UOP), que colaboran en el desarrollo y comercialización de un proceso para obtener combustible a partir de aceite de algas.
Y el futuro es, si cabe, todavía más fascinante. En el pasado Salón Aeronáutico y Aeroespacial de Le Bourget en Paris, como cuenta El País en su edición del 26 de junio, el ZEHST (Zero Emisión Hipersonic Transportation) hizo furor. ¿El motivo? Se trata de un avión de pasajeros que será capaz de cubrir la distancia entre Madrid y Nueva York en menos de hora y media.
El ZEHST alcanzará una velocidad entre 4.500 y 6.000km, volará a 32km de la tierra y sus turborreactores se alimentarán de algas. Sin embargo, habrá que esperar más del 2050 para poder darnos ese ‘paseo´.
Mientras tanto, sin tener que ponernos a 40 años vista, también en Le Bourget se pudo ver ya el Solar Impulse, el único avión del mundo propulsado por energía solar que, con aspecto de libélula, tiene la envergadura de un Airbus A-340 pero el peso de un coche mediano.
Además se está trabajando en aviones cada vez más eléctricos, de forma que el uso del combustible se limite a la propulsión. En definitiva, comprometerse con el medio ambiente es cada vez menos una cuestión de voluntad sino de necesidad.
La buena noticia es que cuantos más se impliquen, más fácil será para todos. En el caso del transporte aéreo, su apuesta por la sostenibilidad es un factor muy a tener en cuenta a la hora de planificar los eventos.
por Ana Luisa Morales
por Martha Lopez Willars
por Sonia
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